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Áreas Verdes

Arica, Antofagasta, Gran Valparaíso, Gran Santiago, Concepción-Talcahuano, Punta Arenas.

Áreas Verdes

Introducción

Es inherente la importancia que ejercen las áreas verdes urbanas gracias a su contribución social y ecológica, en función de su distribución, superficie y accesibilidad (Reyes, 2010). En la actualidad, se ha vuelto indispensable que las ciudades garanticen la presencia de vegetación, no sólo por su valor estético ornamental, sino que además por su enorme contribución en diferentes aspectos de la sostenibilidad.

Es conocido que, factores como la morfología de las ciudades, la reducida ventilación, la materialidad de la urbe, las emisiones de gases contaminantes por el tráfico y la industria inciden en la perturbación de las condiciones atmosféricas y la calidad del aire de estos asentamientos, afectando en el confort y la salud de la población. Por su parte, la vegetación cumple un papel moderador en el intercambio de aire, calor y humedad, que contribuyen a la reducción de los efectos de “Isla de calor urbana” (fenómeno de origen térmico que describe el comportamiento diferencial de temperaturas entre las ciudades en comparación con las áreas que las rodean) y la captación de dióxido de carbono.

Al mismo tiempo, la cobertura vegetal logra mitigar el ruido, protege contra riesgos naturales (tales como inundaciones), aumenta la biodiversidad al dotar de hábitat para las especies, participa en el embellecimiento de las ciudades, entre otros beneficios que en su conjunto, mejoran la calidad de vida urbana, el potencial comercial de las ciudades, el valor de las viviendas, entre otros efectos.

De acuerdo a lo anterior, el Observatorio de Ciudades UC (OCUC), por medio de imágenes satelitales Sentinel, realiza un análisis que permite relevar las desigualdades espaciales de la cobertura vegetal a escala de ciudad y comunal en seis asentamientos urbanos en estudio: Arica, Antofagasta, Gran Valparaíso, Gran Santiago, Concepción-Talcahuano y Punta Arenas.


Problemática

Las áreas verdes cumplen un rol doble en las áreas urbanas, tanto ecológico como espacios de ocio. Ambos se vuelven particularmente importantes en el contexto de las áreas metropolitanas, debido a que funcionan como un “paliativo” a dos problemas comunes de las grandes aglomeraciones: la contaminación y el limitado tiempo de ocio debido a los desplazamientos diarios, cada vez más extensos. Aquí particularmente, adquiere importancia el concepto de brecha territorial, ya que no da lo mismo en donde se encuentre localizada el área verde, siendo la accesibilidad a las mismas un tema altamente relevante al momento de focalizar políticas públicas en el territorio. (Comber, A., Brunsdon, C., & Green, E, 2008).

Esta situación se ve exacerbada además, por que dicho acceso está altamente segregado, tanto en el acceso a áreas verdes públicas, pero sobre todo en las tipologías de áreas verde que muchas veces no se evalúa en los indicadores tradicionales, estas son: la arborización de las calles, las áreas verdes privadas y el entorno potencial, sin equipamiento formal que podría convertirse en área verde.

Aspectos como la tipología también son importantes de relevar tanto por separado, como en conjunto, ya que el porcentaje de biomasa provee confort ambiental asociados a indicadores como la Temperatura Superficial Terrestre y su variación diaria (TST); de forma diferenciada el aporte ecológico de las áreas verdes públicas y la arborización, por unidad de superficie, es más relevante que las áreas verdes privadas, en donde el predominio vegetal muchas veces es ostentado por el césped.

Los objetivos del presente trabajo son dar cuenta de dicha desigualdad territorial, pero profundizando en las diferentes tipologías, y mediando a través de la calidad de las áreas verdes, situación que muestra cómo la segregación a la que hacemos alusión es más grave cuando se analiza este tópico. El segundo objetivo es entregar un insumo de carácter cooperativo que permita desarrollar una capa de información consistente para la toma de decisiones en el ámbito público.

Arica

Las condiciones climáticas y físicas del norte del país, merman la posibilidad del desarrollo natural de la vegetación. No obstante, se logra observar cómo se han ido implementando la arborización y la vegetación privada en torno a centros turísticos como playas y hoteles. En este sentido, se reconoce que la vegetación, embellece las ciudades, aumentando su atractivo y mejorando su potencial comercial y turístico.

En términos porcentuales la mayoría de la vegetación para las zonas del norte son públicas, no obstante, el 10,46% de las áreas verdes públicas de Arica, cuenta con una cobertura vegetal efectiva, asociada principalmente al borde costero, en donde se concentran las actividades turísticas, el principal centro de trabajo y los usos comerciales de la ciudad. El resto de las áreas verdes públicas distribuidas en la urbe, son en general de superficie reducida, y de tipologías de bandejones centrales o espacios residuales de la ciudad, con un escaso equipamiento para el disfrute y uso de la población.

Lo anterior, deja en evidencia que la ciudad de Arica presenta una cobertura vegetal vinculada principalmente al desarrollo turístico, aprovechando la potencialidad del embellecimiento de la ciudad.

Antofagasta

Las condiciones climáticas y físicas del norte del país, dificultan el desarrollo natural de la vegetación, por lo que su presencia requiere de un mayor esfuerzo para su mantenimiento. Similar al caso de Arica, la ciudad de Antofagasta ha implementado una cobertura vegetal dependiente de los polos turísticos en torno a playas y hoteles. Sin embargo, esta ciudad particularmente ha desplegado espacios verdes en el nuevo desarrollo inmobiliario en condominios al sur de la ciudad, lo que lleva la premisa de que la construcción de entornos verdes va en directa relación con los grupos socioeconómicos objetivos de aquellos barrios (medios altos y altos).

Por su parte, el 15,6% de las áreas verdes públicas presentan cobertura vegetal efectiva, y en general estas se encuentran principalmente ligadas al desarrollo turístico e inmobiliario. Similar al caso de Arica, el resto de las áreas verdes públicas de la ciudad, carecen de mantenimiento de cobertura vegetal.

Además desde el punto de vista de la accesibilidad, por su disposición longitudinal y su mayor presión demográfica, Antofagasta tiene un acceso más bajo en cuanto a metros cuadrados por habitante que Arica, lo que sumado al desarrollo de áreas verdes en torno a usos privados no asegura una provisión de áreas verdes para la población en general.

Gran Valparaíso

A diferencia de la zona norte del país, se logra observar que las condiciones del Gran Valparaíso posibilitan la aparición natural de la vegetación. Dicha característica, a pesar de sus beneficios ineludibles, también ejerce una preocupación para los asentamientos urbanos cercanos. En el caso de Valparaíso, la arborización en quebradas sitúa a la ciudad en riesgo, debido a las condiciones climáticas y antrópicas que propician la generación de incendios forestales, lo que de una u otra forma, interpela el rol de la política pública en la protección, cuidado y mantenimiento de la vegetación, la cual toma especial importancia, considerando la escasez de ésta en el resto de la urbe (las principales áreas verdes públicas de Valparaíso están en torno al plan o centro de Valparaíso, dejando una muy baja accesibilidad a la población que reside en los cerros de la ciudad), lo que etiqueta a la vegetación hoy en día en Valparaíso como un factor de riesgo, más que un valor ambiental.

Por otra parte, el caso de Viña del Mar destaca por la presencia de cobertura vegetal privada, relacionada primordialmente al desarrollo inmobiliario en formato condominios y las áreas verdes públicas en el borde costero.

Las áreas verdes públicas del Gran Valparaíso en su 64,94% presentan una cobertura vegetal efectiva.

Gran Santiago

La capital de Chile expone las principales desigualdades en cuanto a la distribución de la cobertura vegetal se refiere.

En primer lugar, respecto a las áreas verdes públicas, es importante destacar que estas se encuentran distribuidas de manera relativamente equitativa por la ciudad, pese a que las mayores superficies (y asociada a ellas las de mejor calidad) se encuentran localizadas en el sector oriente de la ciudad. En este sentido, el Parque Intercomunal de La Reina, el Parque Bicentenario, y el rol que desempeña el Parque Metropolitano, el cual posee una superficie cercana a las 177 ha, compartido por las comunas de Recoleta y Providencia son áreas que si bien sirven a una parte importante de Santiago, desde el punto de vista de su valor ecológico, siguen concentrándose en la zona oriente de Santiago.

La superficie total de áreas verdes públicas es de 2.049 hectáreas, lo que representa apenas un 13,06% del Gran Santiago. A su vez, el 39,6% de estos espacios realmente presenta cobertura vegetal efectiva.

Durante los últimos años, las principales acciones de los gobiernos de turno han ido enfocada al desarrollo de áreas verdes públicas, las cuales no son suficientes para disminuir el déficit, y la falta de comprensión respecto a las distancias que deberán recorrer vecinos de otras comunas, para el disfrute y goce de estos territorios. La disyuntiva va en el hecho de favorecer el espacio público, cuando este no involucra las mayores superficies, y menos las localizaciones más óptimas.

En segundo lugar, la cobertura vegetal privada es sin duda el mayor reflejo de la desigualdad que existe en la ciudad de Santiago, que abarcan más de 8.252 hectáreas, con un 52,61% de la superficies verdes. Esta situación se explica, en gran parte, por el impacto que han generado algunos desarrollos inmobiliarios bajo la lógica de barrios cerrados, o similar a la tendencia de los suburbios, los cuales buscan satisfacer todas las demandas de sus habitantes, entre esas, la cobertura vegetal. En este sentido, las comunas del sector oriente son las que más espacios privados poseen, destacando la comuna de Vitacura, con un 30,02% de su cobertura vegetal privada, donde el aporte de los club de golf y polo, el colegio Saint George, y las instalaciones del periódico “El Mercurio” dejan en evidencia el fenómeno. Misma situación ocurre en comunas como La Reina, Las Condes, y Lo Barnechea, donde el barrio San Carlos de Apoquindo, y el sector de La Dehesa evidencian las desigualdades socioeconómicas, donde a mayores recursos económicos de sus habitantes, mayor es el consumo de agua potable, lo que devela la falta de sostenibilidad del consumo y uso racional de este recurso para el mantenimiento de jardines.

A diferencia de las comunas ya descritas, el caso de San Ramón evidencia todo lo contrario, donde apenas un 0,46% de la superficie verde es cobertura privada, lo que se explica por predios más pequeños y menos recursos para mantener amplias áreas con vegetación efectiva.

Ahora bien, Respecto a la tipología de Arborización, es relevante abordar su importancia en contextos urbanos que, a diferencia de la cobertura vegetal privada, manifestada principalmente en césped en los patios de las viviendas, éstas tienen un mayor beneficio ecológico ambiental, aportando en la mitigación de los efectos de isla de calor, ruido, captación de CO2, aumento de la biodiversidad de la ciudad, entre otra serie de externalidades positivas, además del uso y apreciación colectiva de los habitantes de la urbe. Para esta tipología la desigualdad también es muy alta, concentrándose la arborización en las comunas de altos ingresos (las Condes, Vitacura, Lo Barnechea, La Reina, Ñuñoa y Providencia), y siendo muy baja en porcentaje para el resto de las comunas del área Metropolitana de Santiago. La excepción a esta regla son las comunas de la periferia que contienen en su zonas de transición o periurbano vegetación del ámbito rural y que funciona a modo de arborización, no obstante esta vegetación va desapareciendo en la medida que la ciudad se va consolidando.

A su vez, el Gran Santiago manifiesta lo que para efectos de este levantamiento, se denomina cobertura vegetal potencial, que se refiere a aquellas zonas que podrían convertirse en áreas verde púbicas, aprovechando cerros islas (como el caso del cerro Renca) y el piedemont de la ciudad (como sería el caso de Peñalolén y La Reina).

Concepción-Talcahuano

El caso de Concepción-Talcahuano se caracteriza por su predominancia vegetal en la categoría arborización, gracias a las condiciones climáticas que permiten el desarrollo natural de la vegetación, así como la presencia de cerros verdes que coexisten con el desarrollo de la urbe. A su vez, se logra observar que la consolidación de los centros urbanos, trae consigo la disminución de los espacios que podrían albergar cobertura vegetal, lo que de una u otra forma, involucra desafìos en cuanto a la planificaciòn urbana y la mirada integrada de las ciudades.

Cabe destacar que, el 50,42% de las áreas verdes públicas del área de estudio, presenta cobertura vegetal efectiva, lo que se explica en parte por los factores climáticos y la mayor facilidad de mantención de la biomasa asociada a las áreas verdes públicas.

Punta Arenas

A diferencia del resto de los casos de estudio, Punta Arenas tiene una representatividad homogénea de la distribución de cobertura vegetal, producto de ser una comuna escasamente atomizada, dado que cuenta con un solo centro y con áreas verdes públicas que se distribuyen a lo largo de las principales vías estructurantes, lo que supone un acceso más eficiente al equipamiento recreacional. A su vez, el 32,45% de las áreas verdes públicas, cuentan con una cobertura vegetal efectiva.

Contar con información sobre la cobertura vegetal presente en asentamientos urbanos, permite apoyar la toma de decisiones en el marco de políticas públicas con la componente espacial, lo que permite superar la compartimentalización de las ciudades, y verlas desde un punto de vista funcional, integrando diversas variables en distintas escalas territoriales.

Conclusiones

El espacio público, en especial las áreas verdes, representa una oportunidad para las ciudades chilenas ya que el acceso a las mismas eventualmente se traduce en una mitigación de la desigualdad presente a nivel socioeconómico. Además, estos espacios permiten acceder a nuevos servicios ecosistémicos que ayudan a mitigar impactos, como por ejemplo los niveles de polución del aire, y el aporte en ocio y recreación, propio de los espacios verdes.

No obstante, el aporte que realizan las áreas verdes públicas, en las ciudades analizadas, es marginal en cuanto a la distribución, acceso y calidad de estas. La lógica territorial para el acceso a sus ciudadanos no ha sido el principal foco de atención, lo que queda de manifiesto al momento de analizar su localización, más allá de la diversidad de los casos estudiados.

Respecto a las áreas verdes privadas, el desarrollo inmobiliario basado en la perspectiva de suburbios alejados del centro de las ciudades ha contribuido a aumentar los grados de desigualdad en cuanto a la disponibilidad de espacios verdes, dado que al tener una connotación privada no hay acceso para el resto de la comunidad colindante, evidenciando la ausencia de una mirada geográfica del asunto.Los mayores niveles de desigualdad se observan en Santiago, donde existe una correlación entre los grupos socioeconómicos más altos con una mayor disponibilidad de espacios verdes privados.

En base a lo mismo, la arborización va ligada a lo mismo: el aporte ecosistémico que genera en espacios urbanos, sin embargo, el riesgo antrópico en ciudades como Valparaíso, Viña del Mar ligado a la propagación de incendios forestales evidencia una situación contradictoria en cuanto al efectivo aporte de este tipo de cobertura vegetal.

Por otro lado, la existencia de cobertura vegetal potencial sería una alternativa que permitiría disminuir los grados de desigualdad en las ciudades, ocupando como ejemplo el aporte de los “Cerros Islas”, lo que involucra un nuevo enfoque de los recursos ocupados en áreas verdes públicas, entregando un aporte fundamental en la batalla de un acceso equitativo, y con componente territorial.

Más allá de las condiciones climáticas propias de las ciudades analizadas, es importante asumir el rol en cuanto a una correcta distribución basado en el componente territorial. El diagnóstico inicial evidencia diferencias propias de cada sistema urbano, pero que pueden reducir sus impactos en base a políticas, planes y programas que desarrollen proyectos de escala comunal, e incluso metropolitana. Finalmente, el rol que tienen los espacios verdes en las ciudades comprometen la calidad de vida de sus habitantes, y permiten la generación de mayor equidad social.